jueves, 2 de junio de 2011

Mustang Sally




Comprendan mi desgracia, por favor; he dormido unas dos horas, no puedo salir a la calle, no me dejan tomar café y ahora tengo que aguantar un sermón/interrogatorio de una señora que habla, actúa y se viste como un robot – en un hipotético mundo en el que los robots actúen, hablen y se vistan –.
Entra el robot y mi desdicha crece; que alguien me arranque los ojos, lo suplico.
– ¡Oh, por Dios, Kate, no, esa blusa no! – exclamo, mis ojos sangrando metafóricamente.
– ¿Qué tiene de malo? – dice ella, bajando la mirada con el ceño fruncido. Me está cogiendo confianza, por eso su rostro empieza a mostrar expresiones, pero a ella no le duele mirar la blusa, lo que demuestra su condición robótica.
– Es simplemente horrorosa; un feto hecho blusa. Y esa falda, guárdala para una ocasión en la que todos a tu alrededor sean ciegos y estén borrachos. Como una cuba, quiero decir, no sólo achispados, ya me entiendes.
Frunce los morros. Caramba, cuán expresiva está hoy.

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