miércoles, 26 de enero de 2011

She was always asking "where's the nearest bar?"



– Todo me iba bien en la vida hasta que conocí a Kellan Barnes. Él era un... niño malo, ya sabes, de esos que llevan cazadoras de cuero y que tu madre te prohíbe ir en sus motos – Sonríe. Yo no; ¿qué mierda de historia es ésta? Me suena de algo –. Pero me conquistó, así que me fugué con él.

Oh, no por favor. Otro “Romeo y Julieta moderno”, no.

– Fue algo así como una… aventura, al principio. Pero no podía durar; no teníamos mucho dinero, y de algo había que vivir. Así que tuve que buscar un trabajo con el que apenas ganaba dinero y me deprimía.

Mierda, en la que me he metido. Si al menos tuviese palomitas…

Palomitas… Dios, qué hambre; esto de hacer huelga anti-sistema es más chungo de lo que pensaba.

– Él empezó a perder el interés por mí. Empezó a sentir preferencia por las… culturistas, con las que trabajaba en un gimnasio cutre y sucio. Me di cuenta de que iba a abandonarme, y yo no tenía ningún lugar adonde ir; mi familia no quería saber nada de mí y mis amigos me despreciaban desde que abandoné la élite.

Buf, menudo drama. A la altura de “Moulin Rouge”.

– Así que me apunté a un gimnasio aún más barato y cutre y me puse a dieta… Pero ni aún así.

– Zora, parece que te cueste hablar de esto, así que mejor lo dejamos…

– Un día estaba cortando tomates, soportando sus estupideces… y él se cayó sobre mi cuchillo. Diez veces.

.

– Fue un desafortunado accidente, una tragedia. Aunque sólo lo fue para mí y para él, ya que nadie más en el mundo le quería.

.

– Es peligroso, eso de los cuchillos; nunca se sabe cuándo te vas a caer sobre uno, ni cuántas veces caerás.

.

– Jack, te veo pálido, ¿te encuentras bien?

Tengo miedo.

– S-sí.

– ¿Quieres algo, un vaso de agua…? – Coge su cuchara y su gelatina y me las tiende – Toma, te sentará bien.

Me aparto con rapidez.

– No, no, gracias.

A saber qué sería capaz de hacer con una cuchara esta mujer.